¿Tienes la sensación de que últimamente hay tormentas por todas partes? ¿Granizadas enormes, lluvias torrenciales, inundaciones repentinas y vientos violentos parecen aparecer cada semana en las redes sociales? ¿El clima está realmente produciendo más tormentas o nuestros teléfonos nos están haciendo creer que es así?



La respuesta es más interesante de lo que parece: hay una parte de realidad climática y otra enorme parte relacionada con la forma en que recibimos información actualmente.


Antes también había tormentas… pero muchas quedaban prácticamente olvidadas


Imagina una fuerte granizada ocurrida en un pequeño pueblo en 1980.


Podía destruir techos, cultivos y vehículos, pero si no había una televisión importante cerca, probablemente la noticia aparecía solamente en una radio o periódico regional.


Una persona situada a miles de kilómetros jamás se enteraba.


Hoy ocurre exactamente la misma tormenta y sucede algo completamente diferente.


Decenas de personas sacan sus teléfonos. En pocos minutos aparecen videos en Facebook, TikTok, Instagram, WhatsApp y otras plataformas. Alguien comparte una piedra de granizo enorme, otro muestra una calle inundándose y otra persona graba los rayos desde su ventana.


En cuestión de horas, una tormenta local puede ser observada por millones de personas alrededor del planeta.


Por eso existe una especie de paradoja moderna: nunca habíamos podido observar tantas tormentas simultáneamente.


Eso no significa necesariamente que todas sean fenómenos extraordinarios.


Pero hay otro factor: algunas lluvias extremas sí están intensificándose


Aquí aparece la parte científica.


El IPCC señala que las precipitaciones intensas generalmente se vuelven más frecuentes y más fuertes a medida que aumenta la temperatura global. Además, existe evidencia de que la influencia humana es probablemente el principal impulsor de la intensificación observada de las precipitaciones fuertes a escala global sobre las regiones terrestres.


Una de las razones tiene que ver con una característica sorprendente de nuestra atmósfera.


Por aproximadamente cada 1 °C que aumenta la temperatura, el aire puede contener alrededor de un 7 % más de vapor de agua.


¿Y qué ocurre cuando una tormenta encuentra una atmósfera cargada con más humedad?


Tiene potencial para producir lluvias mucho más intensas.


Podríamos imaginar la atmósfera como una esponja: cuanto más caliente está, mayor cantidad de agua puede almacenar. Cuando aparecen las condiciones necesarias para "exprimir" esa esponja mediante una tormenta, puede caer una enorme cantidad de agua en poco tiempo.


¿Entonces hay más tormentas?


Aquí hay que hacer una distinción importante.


Más lluvia extrema no significa automáticamente más tormentas.


Determinar si globalmente existen más tormentas eléctricas severas es mucho más complicado. Los registros históricos presentan un problema enorme: hoy detectamos fenómenos mediante radares, satélites, estaciones meteorológicas y millones de teléfonos móviles que antiguamente simplemente no existían.


NOAA señala precisamente que detectar tendencias a largo plazo en tormentas severas, tornados y granizadas resulta difícil debido a los cambios en la manera de registrar estos fenómenos.


Incluso diferentes regiones pueden comportarse de manera completamente distinta.


Una zona podría experimentar menos días de tormenta, pero cuando finalmente ocurre una, producir precipitaciones más intensas.


Por eso decir simplemente "ahora hay más tormentas en todo el planeta" sería demasiado simplista.


Una afirmación más precisa sería:


Estamos viendo evidencia clara de un aumento de las precipitaciones extremas en muchas regiones, mientras que la tendencia en el número total de tormentas es mucho más compleja y depende del lugar y del tipo de fenómeno.


2025 dejó otra señal interesante


El informe State of the Global Climate 2025 de la Organización Meteorológica Mundial confirmó que 2015-2025 fueron los 11 años más cálidos registrados, y que 2025 terminó como el segundo o tercer año más cálido desde que existen registros comparables.


La OMM también destacó episodios de lluvias intensas, ciclones tropicales y otros fenómenos extremos con enormes impactos alrededor del mundo.


Esto tampoco significa que cada tormenta individual sea causada por el cambio climático.


El tiempo atmosférico continúa teniendo una enorme variabilidad natural.


Pero el entorno en el que se desarrollan las tormentas está cambiando.


Un dato curioso: una tormenta puede transportar cantidades gigantescas de agua


Cuando observamos una nube oscura desde nuestra ventana parece algo relativamente pequeño.


En realidad, las grandes tormentas son gigantescos sistemas de transporte de energía y humedad.


El agua se evapora desde océanos, lagos, ríos y vegetación, permanece temporalmente en la atmósfera y posteriormente puede concentrarse dentro de sistemas meteorológicos.


El calentamiento también modifica la evaporación, el transporte de humedad, los patrones de viento y la manera en que determinadas tormentas evolucionan.


Por eso unos pocos grados pueden parecer insignificantes para una persona, pero para todo el sistema atmosférico representan una enorme cantidad adicional de energía y humedad disponible.


Otro dato curioso: las tormentas no necesitan aumentar en cantidad para causar más problemas


Supongamos que una región históricamente experimentaba 20 tormentas fuertes por año.


En el futuro podría continuar teniendo aproximadamente la misma cantidad.


Pero si algunas de ellas descargan más agua en períodos cortos, aumenta el riesgo de inundaciones repentinas, desbordamientos y daños.


Es precisamente por esto que los científicos prestan mucha atención no solamente a cuántas tormentas ocurren, sino también a su intensidad, duración, cantidad de precipitación y ubicación.


Y las ciudades modernas tienen otro problema


Existe además un factor que muchas veces olvidamos: hemos construido enormes superficies donde el agua no puede infiltrarse fácilmente.


Carreteras, estacionamientos, edificios y grandes extensiones de hormigón hacen que una lluvia intensa pueda transformarse rápidamente en escorrentía.


Una tormenta que sobre un terreno natural podría ser absorbida parcialmente por el suelo puede convertirse en una inundación urbana cuando cae sobre una ciudad densamente construida.


Por eso algunos desastres que parecen demostrar que "las tormentas son muchísimo peores" también están relacionados con nuestra creciente exposición a ellas.


Hay más personas, más viviendas, más automóviles y más infraestructura situada en lugares vulnerables.


El teléfono también cambió nuestra percepción del clima


Existe finalmente un fenómeno que no es meteorológico, sino informativo.


Puedes despertarte por la mañana y observar:


Una granizada en Argentina.


Horas después, una inundación en España.


Luego una tormenta eléctrica en Brasil.


Por la noche, un tornado en Estados Unidos.


Nuestro cerebro recibe todos esos acontecimientos dentro de una misma pantalla y prácticamente durante el mismo día.


Hace apenas unas décadas, probablemente nunca habríamos sabido que tres de esas cuatro tormentas habían ocurrido.


Ahora tenemos una ventana abierta al clima de todo el planeta las 24 horas.


Y eso puede crear la sensación de que el mundo entero está permanentemente bajo una tormenta.


Entonces, ¿qué está ocurriendo realmente?


Probablemente estamos observando dos fenómenos al mismo tiempo.


Por un lado, la tecnología permite conocer casi instantáneamente tormentas que antiguamente habrían sido acontecimientos exclusivamente locales.


Por otro, el calentamiento de la atmósfera está aumentando la cantidad de humedad disponible y favoreciendo precipitaciones extremas más intensas en muchas regiones. El IPCC concluye que las lluvias intensas generalmente serán más frecuentes e intensas conforme continúe el calentamiento.


Así que la sensación de que "algo está pasando con las tormentas" no es completamente imaginaria.


Pero tampoco significa que cada video impresionante que aparece en las redes sociales represente un fenómeno nunca antes visto.


Tenemos un planeta cuyo clima está cambiando y, al mismo tiempo, una sociedad que por primera vez puede observar prácticamente cada rincón de ese planeta en tiempo real.


Y aquí queda una pregunta interesante:


¿Realmente estamos entrando en una época de tormentas más extremas, o simplemente somos la primera generación capaz de verlas todas?


Probablemente, una parte de la respuesta sea ambas cosas.